Las billeteras
Lo primero que me gusta hacer al conocer a alguien, es revisar su billetera. No me malinterpretes, no me interesa robar o ver cuanto dinero en efectivo tienes o los números de tus tarjetas de crédito… Puedo encontrar cosas más interesantes, como una foto pérdida de algún amor pasado, familiar o incluso una foto del pasaporte…Una pequeña postal comprada en Barcelona, la tarjeta del hotel que olvidaste devolver. Un ticket de tren de aquel día que viajaste fuera de la ciudad. Información de tu seguro de vida por si sucede un accidente. Un ticket de fidelidad de tu cafetería favorita o de tu salón de belleza. Las cartas de presentación de algunas personas que conociste en algún evento, a las cuales nunca piensas llamar pero, se quedan en él “tal vez”. Tu carné de la universidad a la que ya no asistes pero, todavía te da algunos descuentos. La entrada a algún museo en Italia, más tarjetas de transporte de países a los cuales no volverás. En las billeteras de los hombres se suelen encontrar condones, eso habla sobre su responsabilidad. Una vez un amigo me dijo “nunca sabes cuando te puede servir”, ahora pienso que debería cargar uno también, por si las dudas y porque no podemos darnos el lujo de confiar en otros métodos… o en ellos. Mi billetera todavía guarda monedas, fotos y algunas memorias. También puedes encontrar mi carné de las vacunas del covid, que en estos tiempos se siente como un mal recuerdo. Lo cierto es que, llega un punto en que no logro cerrar mi billetera y debo que sacar todo para priorizar, voy tirando nuevamente estos papeles, tickets y cartas que ya no me funcionan, para hacer espacio para los nuevos restaurantes a los que iré, hoteles donde olvidaré devolver la tarjeta y las nuevas fotos que me quieran regalar. Encontré la tarjeta de una tienda de música donde fui a preguntar el precio de un piano de cola larga… ese día recuerdo que me prometí comprar uno para mi primera casa. Aun así, los señores de la tienda pensaron que si lo compraría, y no tuve otra opción más que aceptarla. Otro día fui a un bazar donde me encantaron unos aretes, tenían una boca y unos ojos turcos bañados en oro. Me acerqué al precio y vi que costaban 100 dólares, nuevamente fingí estar interesada y acepté la tarjeta de la vendedora. Otra vez un chico que estaba enamorado de mí, me dio la tarjeta de su banda para que los siguiera en una plataforma… Tengo que aprender a decir que no estoy interesada.
Lo cierto es que me encanta revisar billeteras, demuestran si a la persona le gusta cargar con sus recuerdos u olvidarlos… me dan pena las personas que han sido robadas, luego las billeteras aparecen como un cuerpo desnudo en la calle, sin nada adentro y destrozadas de su valor sentimental. Duele más la foto pérdida del abuelo, que los 20 dólares que se iban a usar para el taxi. La próxima vez que te vea revisaré tu billetera, esperemos que sepas decirme que no.
